El Mundial más feminista de la historia

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(Publicado en La Quinta Tribuna de El País el 21 de julio de 2018)

Rusia 2018 es el mundial más feminista de la historia. Y hay varios hechos que lo comprueban.

Las mujeres y el fútbol siempre han sido dos temas paralelos. Todo se remonta al origen del fútbol como deporte. Cuando las sociedades primitivas comenzaron a tener sus primeros enfrentamientos futbolísticos, mujeres y niños quedaban apartados por la violencia que implicaba, eran enfrentamientos barriales, sociales, de los que las féminas debían ser marginadas.

Más adelante, cuando el fútbol moderno llegó ya a principios de siglo a expandirse por el mundo, se instaló en esta parte del planeta que llamamos Río de la Plata de la mano de los trabajadores de la fábricas y de los colegios de origen inglés. A nivel global también creció, también construyó identidad, sobre todo la identidad masculina—aunque hay excepciones que confirman la regla como Estados Unidos, donde el soccer es más femenino que masculino— como el deporte en general. Esta es la teoría del antropólogo argentino Eduardo Archetti en su libro Masculinidades: El fútbol, el tango y el polo en Argentina (Antropofagia, 2000). Pero el lugar del “otro” de la masculinidad en el fútbol no lo ocupó la mujer, sino el homosexual. Entonces ¿qué lugar ocuparon las mujeres si no fueron el otro o el opuesto del hombre en el fútbol? No fueron nada, fueron un simple objeto, una negación.

Las argentinas Mariana Conde, Gabriela Binelo, Analía Martínez y Graciela Rodríguez, en “Mujeres y fútbol: ¿territorio a conquistar o conquistado?” (Clacso, 2000), plantean que a la mujer en este deporte se le niega el saber y la pasión. El único rol que se le permite es el de la “carnavalización”. ¿A qué se refieren con esto? Pensemos en las transmisiones de los últimos mundiales, los planos de las tribunas. ¿Qué mujeres recordamos? Recordamos a la paraguaya Larissa Riquelme con un celular entre sus pechos en Sudáfrica, a las “bellas” suecas u holandesas en las tribunas. Un rol de objeto decorativo, bonito, a eso se refieren.

Ahora bien, el mundial de Rusia es el más feminista de la historia. En él, las mujeres han tomado voz y voto. Medios como AFP, Deustche Welle, Globo Esporte y un diario sueco denunciaron los acosos sufridos por sus periodistas mujeres en Rusia. Ahora un grupo de brasileñas lleva adelante una movilización con el hashtag #deixaelatrabalhar (déjala trabajar) contra el acoso sexual hacia las periodistas en el mundial.

Ellas no son las primeras, pero es la primera vez que los grandes medios hacen eco del tema y lo condenan. Podemos agradecer al Time’s Up y al movimiento Me Too que han alzado su voz públicamente y a nivel masivo (como hace años lo hacen miles de organizaciones, poniendo al tema de la igualdad de género en el tapete) y han denunciado lo inadmisible que es el acoso sexual y la brecha de género que existe a nivel global.

Rusia 2018 también hizo darnos cuenta en que más del 40% de las espectadoras del mundial son mujeres, aunque por alguna razón los hombres piensan que es un terreno exclusivamente de ellos y los comentarios machistas están a la vuelta de la esquina. Además, en Rusia han aparecido las primeras relatoras y comentaristas mujeres de la historia en transmisiones en vivo.

Por otro lado, la historia de la tía Iva, quedará como un mojón en la historia de los mundiales y del fútbol en general por no tener precedentes. Iva Olivari es la coordinadora de selecciones de Croacia, y la primera mujer en ocupar un lugar en el banco de su selección en un mundial, rompiendo con algunos ─con varios─ de los mitos de género que existen desde que el fútbol es fútbol, el hombre es hombre, y la mujer, mujer. En el partido de Croacia frente a Dinamarca, después de que Luka Modric le entregara a las manos de Kasper Schmeichel la posibilidad de ser uno de los ocho mejores del mundo, después de soltar la tensión que supone siempre una definición por penales, Iva se paró y le dio un abrazo a Zlatko Dalić, el entrenador croata. Y en ese abrazo hubo más que solo una felicitaciones o una alegría compartida por haber ganado. Ese abrazo fue el símbolo de una pasión compartida, que no sabe de géneros y que de a poco, empieza a saberse de todos.

Este es solo un paso. Todavía seguimos discutiendo con los cromañones y cromañonas que gritan a viva voz que un resultado insólito en la penca solo puede haberlo acertado una mujer y cosas así. Micromachismos de la diaria, que al final empiezan a cambiarse cuando las voces empiezan a alzarse. O eso queremos creer.

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