Otra tarde de Ramírez en Maroñas

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Cuando era niña el Hipódromo era solo una palabra, algo asociado a Danubio, pero que nunca registré en realidad, la verdad es que sabía que era algo que estaba cerca de la cancha por el nombre “Jardines del Hipódromo” y no mucho más.

El primer contacto con el turf y las carreras de caballos fue por el 2005 cuando los padres de una de mis amigas compraron un caballo y algunas tardes fuimos a Maroñas a ver carreras. Ahí aprendí cosas básicas como las formas de apostar, los distintos tipos de apuestas, qué es el disco, qué es la largada, cómo se miden las carreras más largas, entre otras.

El contacto con el Ramírez llegó mucho después. En 2013 entre el diario y el 6 de enero de 2014 me mandaron por primera vez a trabajar en el Ramírez. En ese momento trabajaba en El País Digital y sabían que me gustaba la moda y esas cosas entonces, tuve mi primera experiencia.

Los primeros dos años de Ramírez debo decir que fueron calurosos, algo más selectos y con más capelinas que en el 2016. Este año la cosa estuvo más desbordada.

Ayer cuando estaba twitteando sobre el evento y dije que el ambiente era variopinto alguien me dijo “tampoco es el Prix de l’Arc de Triomphe en el hippodrome de Longchamp”. Sin embargo, lo estaba comparando con los Ramírez anteriores.

El 2016 necesita está en #FashionEmergency. Entiendo que la moda actual apela a descontracturado y más infomal, sin embargo hay formas y formas, se puede estar fino e informal.

Para los hombres la cosa es sencilla, pantalon de vestir y camisa, incluso jeans y camisa queda bien, no tiene por qué vestirse formal, ni nada por el estilo. Sin embargo vi horrores, chicos con vincha y gomina sumado a una remera de lycra escote en V que no era apropiada para la ocasión, señores con jeans nevados y camisas estampadas, ni que hablar de los gorritos de visera de colores fluorescentes y los championes de resortes. Creo que por tartarse de un evento así, vestirse un poco mejor siempre es acertado, sin hacer grandes esfuerzos.

Entre las mujeres, más allá de la ausencia de capelinas que es una tradición más pintoresca que otra cosa, me llamó la atención el abuso de las calzas y vi de todo: calzas azul metalizado (sin una remerita que tapara la cola), calzas brillosas con crop tops, calzas mitad lisas mitad de encaje, ni que hablar de los championes, zapatillas, etc. No reequería mucho esfuerzo estar bien, un look sobrio es lo ideal en este tipo de eventos. La tarde estaba fresca, un vestido largo medio boho rendía, los monos, vestidos cortos, jeans con una chaqueta fina, polleras, etc. Hay muchas formas de vestirse fina, adecuada a la ocasión sin hacer mucho esfuerzo.

En la invitación especificaba que no se podía entrar con ropa de playa, en el palco oficial, para los hombres y vi cosas peores. Espero que el año que viene haya más control y sobre todo que la gente tenga más decencia.

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