Confesiones de una pescatariana en el país de la carne

2 comentarios

image1Ser vegetariana, o más bien pescatariana, en el país donde hay mayor consumo de carne roja per cápita es un problema.

Esta es la charla que suelo tener: “Sí, no como carne (…), no, pollo tampoco, (…) no, jamón tampoco, intento no comer cadáveres animales si te gusta así, aunque hace algunos años que volví a comer pescado y algunos mariscos, por ello entro en el rango de los pescatarianos (lacteos, huevos, vegetales y frutos del mar), si ese término existe no lo inventé yo.”

Esta historia empezó hace 13 años cuando a los 13 años decidí que no quería comer más carne. Como toda decisión drástica tiene un origen, la verdad es que nunca me voy a olvidar de cuando en primero de escuela en un campamento en una estancia vi cómo carneaban una oveja, o cordero, no sé y después nos hicieron pastel de carne con él. Durante muchos años y a regañadientes comí carne. El pollo lo había desterrado casi por completo a los 9 años, cuando al ver una pata de pollo al spiedo interpreté que el agujero del spiedo era el balazo con el que habían cazado al animal. y la verdad es que comer carne me impresionaba.

Fue en el verano del 2002 que decidí que no iba más con la carne cuando mirando “Dientes de lata”, sí un dibujito sobre una chica que curiosamente tenía aparatos fijos como yo y era vegetariana, tomé la decisión.

Pasé mi adolescencia preocupando a los profesores que me llevaban de campamento porque nunca comía nada, torturando a mi padre y mis abuelos (que lo siguen sufriendo) por mis pocas opciones de menú. Así fui hasta los 17 años, cuando –como me negaba a tomar complementos y en especial a pincharme para ver si tenía anemia– volví de a poco a la carne.

Primero fue jamón, después hamburguesas y milanesas, finalmente asado bien seco, pero siempre como parte del sacrificio.  El cuerpo me cambió, sufrí volver a comer carne, mi estómago y mi cuerpo no estaban preparados, pero me duró poco. Me fui de viaje, me empaché a McDonald’s y a los 20 años volví a ser vegetariana, la carne ni en figurita.

No soy fundamentalista, la verdad es que no me gusta comer carne, me impresiona y me da asco, intento no sentir ni el olor (evito el sector carnicería del super porque me descompone), no toco carne cruda con las manos, me  me revuelve y elijo no comerla. No voy a decir que sea lo más sano, aunque se que es más sano que el exceso y que bien complementado es una buena opción (me lo dijo la nutricionista).

De todos modos, asumo que mientras no comí pescado me pasé comiendo acompañamientos y muchas veces tenía esa sensación de no estar satisfecha, lo que normalmente hace que los vegetarianos amemos las harinas. Con el pescado cambió todo, la realidad es esa, no como cualquier pescado, consumo mucho atún y salmón (siempre que sea ahumado o recién hecho, soy una pesadilla), a los camarones les agarré un poco de asco, pero no voy a decir que no me gusten.

Ser vegetariano tiene otros problemas más allá de los dolores de cabeza de quienes cocinan para ti, en especial las reuniones sociales: en un asado normalmente no hay mucho que comer, salvo que hayan tomado precauciones y te esperen con verduras a la parrilla, algún morrón o provolone; Además de el cuestionamiento, “¿por qué no comés carne?”, se transforma en una tortura de cada acontecimiento, te preguntan una y otra vez y una y otra vez respondés lo mismo.

Comer afuera también es un problema y no es chiste, la mayoría de los lugares no ofrecen opciones sin carne y normalmente termino optando por papas fritas o pizza. La papa y el queso pasan a ser tus mejores amigos en esto del vegetarianismo.

La soja es un tema aparte. La verdad es que a mi me gusta muy poco o al menos no me gustan las milanesas que hago en casa, prefiero comprarlas hechas en algún lugar como el chino que voy en el centro. Con el tofu me pasa un poco lo mismo, la verdad es que me quedo con el queso toda la vida. Igual mi razonamiento es si no me gusta la carne por qué querría simular que algo es de carne, simplemente no lo entiendo y eso de comer hamburguesas, milanesas o panchos de soja pierde sentido.

En fin, ser vegetariano o pescatariano es algo que me gusta, porque me siento mejor física y mentalmente. Sin embargo, es tedioso en muchos sentidos, sobre todo porque viviendo en Uruguay las opciones se acortan y salvo que a uno le guste cocinar o tenga una fábrica de pastas disponible, como es mi caso, es muy complicado. La gente te sigue mirando y diciendo: ¿Sólo comés acompañamientos?

 

 

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Plural: 2 comentarios en “Confesiones de una pescatariana en el país de la carne”

  1. Hola! Decidi ser vegetariana o pescatariana, la verdad quiero comer mas saludable y la carne como aqui dice ya se me salio, es un paso dificil ya q toda la Vida e comido carne pero se que con mucha voluntad lo lograre ya di el primer paso la desicion ahora a seguir hacia adelante con este gran cambio q viene en mi cuerpo

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