Hablo todo lo que quiero

Un comentario

El Mundial de fútbol ha sacado a relucir lo peor del machismo que va quedando en las sociedades occidentales, en especial en la nuestra. Con la evolución de lo digital, la necesidad de generar tráfico y la mediatización de lo femenino parece que hacerse el vivo con las mujeres y hacer comentarios machistas y misóginos se ha puesto de moda, incluso desde algunos medios de comunicación que hacen gala de eso y se mofan de las mujeres y sus lectores.

No voy a compartir las notas que me hicieron enojar porque no tengo la más mínima intención de darle ni una pizca de tráfico, que en definitiva es lo que están intentando lograr.

Me parece patético y lamentable.

Es cierto que el fútbol es uno de los últimos bastiones del machismo, en especial en Uruguay, así como lo es el deporte en general y eso tiene razones profundas he históricas que se remontan a la exclusión de las mujeres de los ámbitos violentos. En Uruguay el fútbol llegó con los inmigrantes y se instaló en los colegios de varones ingleses, fue el espacio de esparcimiento que encontraron algunos trabajadores de principio de siglo. Además, fue fomentado por las compañías de tranvías que vendían más pasajes y fue una de las válvulas de escape de la población.

A comienzos del siglo XX el rol de la mujer era el de ser un “reproductora social” debía quedarse en casa a educar a sus hijos, a transmitirle los valores, por eso los hombres dominaron la escena pública y se ocuparon de la política y por qué no del fútbol.

Sin embargo, en una nación joven y sin un legado cultural como podrían tener otros países el fútbol se transformó en una marca registrada que más allá de ser practicado por hombres tuvo siempre mujeres a su alrededor.

En Uruguay las mujeres votaron por primera vez en 1927, en el plebiscito de Cerro Chato, y el voto se universalizó en 1938, y tras un largo proceso las mujeres fueron ganando más espacios en pro de una sociedad más igualitaria en el Uruguay.

Desde la década del 60 existen mujeres que trabajan como periodistas deportivas, desde mucho antes las mujeres han aparecido en la escena pública, sin embargo siguen siendo tratadas como minoría y denigradas por los hombres, que a mi entender ven amenazados sus puestos de trabajo.

Decir que una mujer no puede hablar de fútbol alegremente es como decir que una mujer no puede ser abogada, contadora o lo que sea. ¿Cuál es la diferencia que tienen los hombres de capacidad respecto al fútbol? ¿A caso haberlo experimentado físicamente les da poder? Sencillamente no lo entiendo.

Repito es patética esta campaña que termina siendo lindante con lo misógino sobre las mujeres y el fútbol, no me hace gracia, no entiendo que se pretenda generar tráfico o polémica denigrando a más de la mayoría de la población del Uruguay, es una falta de respeto. Yo soy futbolera y me la banco y le discuto al que quiera sobre lo que quiera, pero antes de hacer columnas totalmente machistas y misóginas empiecen a leer un poco más y a informarse.

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Singular: 1 comentario en “Hablo todo lo que quiero”

  1. No pares bolas Mariana, no tienes que darles importancia a esos cavernicolas, que tanto daño hacen, lo importante es que sigas con tu trabajo y que hombres sepamos que el mundo no va a cambiar, mientras no se modifican las actitudes machistas hacia las mujeres, es una labor pedagógica de mucho tiempo, no sencilla, pero que debemos seguir todos , para llegar al mismo objetivo, un mundo sin violencia a la mujer.

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